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lunes, 11 de diciembre de 2006

La maldición de diciembre

Estimados amigos:

Tengo el gusto de compartir con ustedes el siguiente texto, publicado en El Mercurio de Valparaíso, que trata sobre el endeudamiento en la temporada navideña y de vacaciones, para el cual también se consultó mi opinión.

Espero sea de vuestro interés.

Cordialmente,

Alejandro.

La maldición de diciembre

Por Fernanda García.

Las típicas campanas navideñas ya no doblan como antes, ahora se ciernen tronadoras ante la llegada del último mes del año. Y es que quien esté libre de la avalancha de altibajos y preocupaciones que significa los últimos 31 días del año, que lance la primera piedra, no sin antes echar un vistazo a los siguientes datos para corroborar que nada tienen que ver con usted. Tres cuartas partes de la población chilena gasta, mes a mes, más o igual que lo que gana. Sólo el 24% termina el mes con números azules, es decir, sólo 1 de cada cuatro chilenos está en condiciones de ahorrar parte de su sueldo, pese a que la recomendación es guardar, a lo menos, el 10% de los ingresos.

Hay más, según el Informe de Estabilidad Financiara del Banco Central, estas son cifras de un problema que crece y al que es fácil entrar, pero no lo es salir. Más aún, los chilenos se han lanzado a la conquista de créditos bancarios, los que están creciendo a una tasa de 15 a 20% anual, actitud que claramente se incrementa en diciembre.

Los resultados de enfrentar esta serie de eventos y decisiones no sólo rayan en lo monetario. Compromisos sociales a diestra y siniestra, cierre del ciclo escolar y universitario, fiestas de graduación y de la empresa, paseos de curso, planificación de las vacaciones y, obviamente, la celebración de la Navidad y del Año Nuevo, que más que un motivo de unión y de paz se transforman en dilemas familiares difíciles y hasta dolorosos de resolver cuando los papás están separados y deben encarar la decisión de con cuál de los dos sus hijos van a pasar las dichosas fiestas. Todo esto es motivo de estrés.

Así lo han detectado los especialistas mediante un incremento de consultas por trastornos que se manifiestan a través de angustia, pena, irritabilidad o alteraciones del sueño, síntomas que claramente se hacen más frecuentes durante ciertas épocas del año y, definitivamente, diciembre es una de ellas. "La gente consulta bastante en estas fechas, especialmente por cuadros ansiosos y depresiones que se exacerban debido al estrés. Ocurre que muchos se sienten presionados por cumplir con las exigencias que impone la sociedad al llegar las fiestas de fin de año y eso termina afectando su salud", opina el doctor Mario Quijada, presidente de la Sociedad Chilena de Salud Mental.

LO PEOR VIENE DESPUÉS

Y aunque aparentemente una vez superado el calendario, estos síntomas quedan atrás, no es tan así. Expertos señalan que diversos estudios indican que al menos un 15% de los chilenos podría desarrollar una depresión en algún momento de su vida. Esta época puede ser fácilmente el detonante.

Alejandro Pujá, de la Organización de Consumidores y Usuarios de Chile, Odecu, advierte que aunque la entidad no maneja cifras, las estadísticas coinciden en que el nivel de endeudamiento en los chilenos está aumentando con los años. "Las ganancias de los bancos y del sector de retail son cada año superiores".

Pujá tiene claro el nivel de estrés que esto produce porque hace rato que trabaja con un numeroso club de endeudados. "Estamos acostumbrados a recibir gente estresada en nuestra oficinas y lo que vemos es que en estas fechas la gente no se estresa precisamente por lo que gasta, sino más bien por la ansiedad de comprar".

TEMIDAS COBRANZAS

El especialista observa que el verdadero estrés se desata en marzo cuando empiezan a llegar las cuentas. No menor es el dato dadas las facilidades crediticias del mercado, que contribuyen a que hasta cierto punto los consumidores compren prácticamente anestesiados alentados por pagos diferidos y otras "facilidades" que pueden ser pan para hoy hambre para mañana.

La magnitud del problema crece si se tiene en cuenta que años atrás se tuvo que legislar por la agresividad con que surgieron las cobranzas extrajudiciales. "Sin embargo, en los últimos dos años han aumentado y eso tiene que ver con que, una vez superadas las condiciones que impuso la crisis asiática; cuando el mercado asimiló la nueva regulación de cobranza extrajudicial -que hoy las empresas del rubro manejan perfectamente- y se produjo un mejoramiento del consumo, se ha acelerado el aumento de todo tipo de acciones de cobranza extrajudicial y, obvio, judiciales".

Pujá aclara que esto se manifiesta no precisamente en diciembre. "Hasta los cobradores salen de vacaciones; además el feriado judicial es en febrero. Es a partir de marzo y abril que se reactivan estas acciones de cobranza. Como institución hemos visto un aumento sostenido de las consultas por esta situación". Acota que esto va de la mano del crecimiento del sector supermercadista y de las casas comerciales, muchas de las cuales son ahora bancos, al igual que de los grandes holdings.

NO SÓLO $$$

Pero para que no quede todo en términos monetarios, porque posiblemente usted pertenece al 37% de los que dicen sentirse "tranquilos" con su nivel de deuda, de seguro no se libra de otra serie de circunstancias asociadas al término del año que también generan estrés.

Para la sicóloga Paulina González White diciembre es un mes complejo, pero porque nos falta ser precavidos y establecer prioridades. "Es época de balances de cómo ha sido el año; en lo personal de sacar lecciones y analizar lo que fue el ciclo. Pero la gente se ve súper exigida con el consumismo, pese a que todos partimos con las mejores intenciones y promesas de sólo comprar los regalos estrictamente necesarios. Al final la vorágine hace que todos terminen sumidos en deudas".

A juicio de la especialista, contrariamente al espíritu que invoca, esta es la peor época del año. "Junto con marzo, son instancias de mucha autoexigencia del medio social y de nosotros mismos. Tiene que ver con el estilo de vida, el cómo elegimos vivir y la opción es aceleradamente, tratando de cumplir muchos roles simultáneamente, de querer hacerlo todo con un grado de perfección y desconectados de nuestras propias necesidades".

No es menor el que sea también una época per se de nostalgia, lo que contribuye a una predisposición a la pena o la tristeza. "La gente recuerda a los seres queridos que han fallecido o que están lejos. Es una temporada en la que se tiende a ser gregario, estar con el grupo en familia, compartir y celebrar".

Acota que las personas están tan ocupadas de los regalos y los preparativos que llegado el momento de celebrar, bien sea la Navidad u otra fecha, ya no se disfruta porque están todos agotados. El error, demarca la sicóloga, está en que no se disfruta lo auténtico que es estar en familia o con amigos, así como el encuentro humano y con uno mismo.

ESTAR ALERTA

Aunque por lo general es un estrés que suele no pasar a mayores porque a juicio de Paulina González es un estado que aprendemos a tolerar ya que se empieza a sentir antes, para el siquiatra Cristián Haring igual es una época en la que hay que estar alertas. "Está acumulado el cansancio del año y coincide con el fin de la primavera, una estación complicada que efectivamente registra las mayores tasas de suicidio. Además, al comienzo del verano las personas afectadas por trastornos bipolares habitualmente andan más mal esta temporada del año".

Explica que durante enero y febrero empieza a disminuir estos efectos por lo que está comprobado que diciembre es uno de los peores meses para la salud mental de la población.

Aunque existen algunos indicios que detectan un alza en el consumo de ansiolíticos, calmantes o relajantes, ante la falta de estudios concretos o datos epidemiológicos rigurosos, Haring evita emitir juicios respecto a la ingesta de fármacos o drogas en este ciclo. No obstante, insiste en que estadísticamente está comprobado que los suicidios aumentan. "Estudios testifican que es más marcado hacia el sur donde en diciembre es más la tasa de suicidios. No tanto hacia el norte, pues en Arica e Iquique tiende a ser más estable durante el año. Aumenta pero en forma mínima".

Advierte que hay que estar alerta frente a ciertas señales. "Ante las necesidades que impone la vida uno se siente sicológicamente o síquicamente incapaz de lograr, de rendir, de cumplir con sus metas, a sabiendas de que antes lo podía hacer, pero de pronto mentalmente se ve impedido. Esto, junto con alteraciones en los ritmos biológicos, en el sueño, el apetito, de la sexualidad, indicios que no hay que subestimar".

ESTRÉS DE LOS SEPARADOS

Aunque las fuentes de origen del estrés de fin de año son muchas, para Ricardo Viteri, director de la página web separados punto com, la peor es la disyuntiva que tienen que enfrentar los padres separados al tener que definir con quién van a pasar los hijos las fiestas, peor aún si la ruptura ha sido en términos poco amistosos.

Por eso, desde su portal, se han preocupado de que el periodo de cese de convivencia sea el menor posible desde el punto de vista legal, aunque se está exigiendo un año de mutuo acuerdo y tres años en el caso unilateral justamente por conflictos de esta índole. "La Navidad es una fecha tremendamente sensible y esta es una situación que provoca conflicto. Para algunos la Navidad es más importante, para otros lo es el Año Nuevo. Normalmente los que han encontrado una nueva pareja le ponen mayor énfasis a la Navidad. Para la persona que está sola y que no ha rehecho una relación, este día es también tremendamente significativoorque sin los hijos (y sin pareja) va a sentirse sola. Es un verdadero dilema".

Lo delicado es que en esta instancia es en la que se produce, por lo general, un tira y afloja donde los hijos son los que resultan más perjudicados. "Son utilizados como arma para transar. Ha sucedido que para acordar que los niños pasen la Navidad con su papá ciertas mujeres acceden siempre y cuando les suban la pensión de alimentos. O exigen que las vacaciones de verano sean con ella en la fecha que ellas desean y dejan otra fecha que no es la ideal para el padre".

NO HAY FORZAR

Viteri acota que por ningún motivo hay que forzar a la familia a pasar la Navidad juntos si los padres están separados. "Una vez que se ha decidido la ruptura no es conveniente que se reúnan a celebrar por los niños". La sicóloga Paulina Gonzalez coincide. "Hay que ver qué es lo que necesita cada uno sin enviarle dobles mensajes, porque hay familias que deciden pasar las fiestas juntas porque así no sufren tanto, pero a lo mejor se les genera una expectativa".

Según la experiencia de Viteri, los niños varones prefieren pasar la Pascua con el papá porque es al que, por lo general, ven menos. "Si no está en manos de los hijos decidir, lo que se ha visto que resulta es hacerlo por sorteo, a uno le toca la Navidad y al otro el Año Nuevo, mecanismo que se emplea cuando las separaciones han terminado en conflicto".

Para el director del portal web el panorama a futuro no es muy alentador en los divorcios que van a ser unilaterales o por causal grave. "El más perjudicado va ser el niño porque si es la madre, lo que ocurre normalmente, la que queda con la tuición, pone dificultades si es que no limita absolutamente la compañía del padre con el hijo en cualquiera de las dos festividades. Muchas los hacen por venganza o despecho si han sido abandonadas o víctimas de una infidelidad".

Concluye que esta situación es lejos más estresante que el tema económico. "No poder celebrar la Navidad o el Año Nuevo con tu ser más querido es tremendamente doloroso para cualquiera. Siempre hay alguien que va a sufrir".

La opción generalizada y en cualquier circunstancia sugiere optar por recuperar los ritos familiares y darle un sentido más espiritual a estas fechas que terminan por resquebrajarnos el alma y el bolsillo.