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miércoles, 20 de julio de 2005

Transgénicos y consumidores

La venta indiscriminada de productos transgénicos demuesta que Chile es un país donde las leyes no se cumplen.

La excusa permanente de las autoridades ha sido que no existe una regla que norme la producción, distribución, etiquetado y venta de productos con componentes transgénicos en el país.

Si bien es cierto que no existe una norma especial al respecto, si existe a lo menos una que correctamente aplicada, permitiría sino la prohibición de la venta, una mayor transparencia del mercado, que permita conocer cuáles productos contienen transgénicos.

Hablo de la ley 19.496, que en su Título II, Disposiciones generales, Párrafo 1º, Los derechos y deberes del consumidor, artículo 3º, establece:

"Son derechos y deberes básicos del consumidor:

b) El derecho a una información veraz y oportuna sobre los bienes y servicios ofrecidos, su precio, condiciones de contratación y otras características relevantes de los mismos, y el deber de informarse responsablemente de ellos"

Ahora bien, en el caso de la venta de productos con componentes transgénicos se infringe flagrantemente la norma pues no se informa veraz ni oportunamente la naturaleza de los componentes del producto. En Chile, los consumidores no saben lo que comen ni beben.

Esta circunstancia impide además el correcto ejercicio de otro derecho establecido en el mismo cuerpo legal, en la anterior letra a):

"a) La libre elección del bien o servicio."

Sin perjuicio de todo lo anterior, en la letra d, del mismo artículo se agrega el derecho a:

"La seguridad en el consumo de bienes o servicios, la protección de la salud y el medio ambiente y el deber de evitar los riesgos que puedan afectarles".

Naturalmente, no se pueden evitar riesgos que no se conocen. En definitiva para elegir y protegerse, lo primero es saber.

Con las reformas introducidas hace un año en la ley del consumidor, que facilitan la defensa de los intereses colectivos y difusos de los consumidores, resulta a lo menos extraño que ninguna organización de consumidores y menos el Servicio Nacional del Consumidor, SERNAC, se haya atrevido a presentar requerimiento alguno a las empresas, muchas de ellas multinacionales de los alimentos que utilizan componentes transgénicos en sus productos.

Muchas de estas empresas, en sus países de orígen, especialmente en Europa, han declarado no usar transgénicos en los ingredientes y fórmulas de sus productos ante el rechazo de los consumidores concientes de los riesgos.

En esos países el principio de precaución se encuentra más arraigado y las autoridades lo consideran en sus resoluciones administrativas y judiciales, ordenando muchas veces que se tomen medidas que disminuyan o eliminen cualquier riesgo eventual hoy desconocido, pero que talvez se haga evidente con el transcurso de los años.

En Chile, probablemente, un recurso de protección en resguardo de la salud de los chilenos sea rechazado de plano, como ha ocurrido en otras situaciones. Pesan más los intereses de las empresas y la inconciencia de las autoridades, incluidas las judiciales.

Un precedente en tal sentido lo constituyó una presentación que pretendía impedir el ingreso de vacas inglesas presumiblemente infectadas por la encefalopatía espongiforme bovina, más conocida como el "mal de las vacas locas". La corte estimó que no había mérito suficiente en la solicitud, rechazándola sin más trámite. Hoy algunos antecedentes indican que la versión humana de la enfermedad, el sindrome de Creutzfeld-Jakob, avanza silenciosamente en la comunidad, teniendo Chile el doble de incidencia de la enfermedad que el resto del mundo.

¿Qué nos depara el futuro con los alimentos transgénicos? Sin investigaciones serias ni medidas precautorias efectivas, sólo espero que las futuras generaciones tengan la suficiente comprensión para aceptar los efectos de nuestros errores y nuestras omisiones.