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jueves, 19 de enero de 2017

Programa de mejoramiento de viviendas derrocha recursos económicos

El Estado de Chile desarrolla por décadas programas que promueven y financian la construcción de viviendas sociales, subsidiadas con recursos de todos los chilenos. Si se comparan con las viviendas de hace 30 ó 40 años, es indudable que hemos avanzado en cantidad, calidad y tamaño de las viviendas que hoy se entregan.   

Como no siempre fue así y aun cuando las actuales son mejores, se implementaron programas específicos para el mejoramiento de viviendas, los cuales con un simple examen muestran que derrochan el dinero que aportamos vía tributos obligatorios.

Para los que deseen conocer detalles de estos programas pueden revisar el siguiente enlace del Ministerio de Vivienda:


Como podrán ver, a la fecha de redacción de estas líneas, el máximo subsidio al que se puede acceder es de aproximadamente $1.700.000.

Este derroche al que me refiero ocurre en demasiados casos donde, a poco tiempo de haber entregado un inmueble nuevo, las familias tienen la opción de postular, agrupadas en comités especiales, a un nuevo subsidio que permite instalar cerámicos en baños o cocinas, ventanas de termopanel, pinturas internas o externas, pisos cerámicos o flotante, entre muchas otras alternativas. Son las comunidades las que definen lo que se hará de acuerdo al monto de los subsidios y las propuestas de las empresas constructoras que se adjudican la ejecución de las obras.   

Hasta ahí, parece todo bastante bien. Sin embargo, es precisamente en esta elección de las obras a ejecutar donde surge el derroche de los recursos estatales.

Lo anterior debido a que en varios casos para ejecutar las nuevas obras se debe destruir, eliminar o reemplazar obras o terminaciones en perfecto estado. Así es como en algunos casos se desinstalan ventanas de aluminio, rompiendo sus vidrios para reemplazarlas por ventanas de termopanel de calidad media, pues hay otras mejores, a las que no se puede acceder con los recursos del subsidio.

También se retira el flexit de baños, cocinas o incluso de las salas de estar y comedores para instalar cerámicos o piso flotante. Así como estos, hay otros ejemplos.

Ante estas circunstancias, es válido preguntarse por qué no se construyó la vivienda con ventanas termoacústicas de mejor calidad, desde un principio en vez de haber gastado primero en unas de vidrios simples, para reemplazarlos al poco tiempo por otras ventanas que tampoco son de la mejor calidad dentro de la línea de termopaneles. Si sumamos al valor de la ventana original el valor de la ventana de reemplazo, es muy posible que el presupuesto alcance para una termoacústica de calidad superior.

En el otro caso, no se puede dejar pasar que se retira un flexit que sólo tiene uno o dos años de uso el que, bien cuidado, puede durar 5 años, diez o más, para reemplazarlo por cerámicos o piso flotante. ¿Por qué no se puso el cerámico o el piso flotante en la obra original y nos evitamos no sólo desperdiciar un flexit en buen estado sino el valor de la mano de obra que retira los materiales originales y coloca los nuevos?

Cabe señalar en este punto que una parte importante del presupuesto de un subsidio de mejoramiento se va, precisamente, en la mano de obra. O sea, se paga en la construcción de una vivienda nueva y luego en su mejoramiento momento en que se desechan materiales en buen estado, los que se pierden pues ni los propietarios del inmueble pueden disponer de ellos, ya que las constructoras se los llevan con destino desconocido.   

Y todo esto con recursos estatales que todos los chilenos de un modo u otro aportamos con impuestos y contribuciones.

Un país que aún no alcanza los niveles de desarrollo deseados, siendo el socio más pobre de la OCDE, con una reforma tributaria de resultados defectuosos y un crecimiento estancado, casi en reversa, no puede darse el lujo de desperdiciar los recursos con los que se pueden construir más y mejores viviendas para nuestros compatriotas.